Eros Fallero


Rafael Ventura Melià *

(publicat amb el pseudònim de La Peineta Rebelde)

 

 

Tengan por sabido que si fuera tan secreto uno ni se lo olería, pero uno se lo ha olido, ergo es como un secreto a voces. ¡Cómo no! Más aún, es un secreto compartido masivamente, hecho de tácitas evasiones y de alusiones repetidas, tópicas y consagradas. ¿Pero de qué hablo? Ni yo mismo lo sé a ciencia cierta. Del desmadre fallero, del desmadre según quien, según el lugar y la estación propicio, según la hora y el tiempo, según el humor y, pongamos, la constitución temperamental del personaje.

 

Estoy con la onda, porque ha llegado el tiempo de hacer una liturgia enteramente inversa a la que a lo largo de cuatro décadas se impuso.

 

Ahora se estila el rito de desvelar, y ambos no son sino como el haz y el envés de una misma situación en la cual nos hemos gestado (la hemos gestado también) y que genera todavía incluso las pretendidas reacciones. ¿Me podría explicar mejor? Ya sé que hablo para listos, pero no quiero pasarme.

 

Uno siente la comezón teorizadora y diría que lo primero y principal es entender las Fallas como una sucesión de ritos, de procesos, multitudinarios, con principio y fin, al azar. Tratándose pues del Eros Fallero hay que tener presente su eminente carácter aleatorio y pasajero, ágil, sin consecuencias. No hay lugar privilegiado, no hay calle maldita especialmente, no hay persona indicada, no hay encuentro ni plan. La ciudad recobra su naturalidad, su virginidad o su disponibilidad global. Todas las calles y todos los antros vienen a ser ahora propicios, sanos y perversos a la vez. Y todas la personas corren al albur, corren la suerte de ser sorprendidas y de sorprender. Es que aumenta el número de los tropezones, es que el aire se carga de humanidad, es que la calle y la masa humana forman una unidad pánica. El espacio urbano se revela de improviso hecho a la medida de las personas, de todas la personas. Se crea un módulo que es la masa urbana (como en ciertos films de D. W. Grifit, pero con mayor caos, con menor retórica).

 

He dicho que los días tienen sus ritos. En efecto. Hay que mirarse el programa de fiestas. No porque el acto atrae a la masa. Y la masa es el espectáculo número uno, la falla eternamente reformada. Hay masa cuando la Crida, cuando los castillos de fuegos de artificio, cuado la mascletà, cuando los desfiles y cabalgatas, cuando la Ofrenda, cuando la cremà. Se diría que no son sino pretextos, puros pretextos. Y hay que superar el pretexto sobe la marcha. Hay que encabalgarse sobre el acontecimiento.

 

No basta con las consabidas tocatas y fugas, no basta con mirar y oír, con introducirse en los grupos de jóvenes, no basta con perderse en un anonimato exaltante. Hay que forzar la situación siempre. Hay que captar las buenas vibraciones y encauzarlas.

 

Hay que conectar con la locura valenciana, con la entrada de la primavera y saber cuándo se está ante un rito diurno y ante un rito nocturno, cuándo ante un rito floral y rural y cuándo ante un rito urbano y artesanal. Hay de todo.

 

Hay que ir like rolling stones. Se me entiende, hay que dejarse arrastrar. Sobra todo comentario. Es el Eros pánico, por encima de la trivialidad y de la trascendencia, por encima del cálculo y de la sublimidad.

 

No, no me paso. Hago aquí mi CRIDA, hago aquí mi boceto de falla humana, mi boceto de CREMÀ y de potlach en el que arde el orgon, la energía sexual y sensual. Porque las Fallas no tienen justificación sin ese echarse a rodar por la calle, sin esa aproximación, sin esa absurdidad del sin ton ni son. Las Fallas son el desmadre padre. Y no hay tu tía. O se viene o no, o se sale o no, pero no para mantener los viejos vínculos, las parejas viejas y gastadas, no para ampliar el desarrollo de las anteriores situaciones personales, no. Se trata de un desafío a la probabilidad, al caos.

 

No creo que sea ya capaz de añadir nada más. Ha sido necesario siglos para poder ver claro esto en toda su oscuridad. Me agotaría en tratar de ordenarlo y perfilarlo. Esto es el fruto del pensat i fet, lo contrario del seny. Esto es lo que hay que hacer sin pesar, y luego se olvida, se quema. Hasta otra vez, o hasta nunca, depende.

 

 

[publicat en el número de la revista Ajoblanco, març de 1976]

 

 

 

* Rafael Ventura  Melià (Riola, la Ribera Baixa, 1948) s’inicià en el món del periodisme com a col·laborador habitual de les revistes Albatros (1964) i Gorg (1971), i amb posterioritat formà part de la redacció de la revista Valencia Semanal  (1977-1980). Paral·lelament, desenvolupà una activitat literària en el camp de la poesia: fou antologat en Carn fresca: poesia valenciana jove (1974), publicà els poemaris Corrents de fons (1976) i Senyals de vida (1980), i el 1981 va guanyar el premi de poesia Jordi de Sant Jordi de l’editorial Prometeo amb Igual vol dir Itàlia. Com a novel·lista va quedar finalista del premi Andròmina dels Octubre el 1972 amb la novel·la Atzucac, el 1974 obtingué el premi Huguet de narrativa amb La darrera tornada i el 1981 resultà guanyador absolut del premi Andròmina amb Àmbit perdurable. En l’actualitat és redactor de la secció de cultura del diari Levante-El Mercantil Valenciano.

 

            L’article “Eros Fallero” era un crit underground que apareix en el suplement de falles de la minoritària revista Ajoblanco l’any 1976. El títol i el malnom eren conscienciosament provocadors en una etapa on s’estilava el trencament de l’orde i la societat establits. La Peineta Rebelde era un pseudònim que va ser emprat pels coordinadors del suplement per a introduir este article de Rafael Ventura Melià, sense que l’autor ho sabera, i que després popularitzaria el periodista Amadeu Fabregat en les seues col·laboracions en la revista Valencia Semanal. L’article de Ventura no valora la festa per la seua vessant estètica i oficial, sinó pel que suposava com a fenomen creador i sustentador de la massa i de l’espontaneïtat. En un moment que la progressia fugia de les Falles, Ventura Melià les defensa com a fenomen de masses. Es tracta d’una visió alternativa i provocadora de contemplar aquella societat valenciana de la Transició, i d’una reflexió alternativa quan en aquell món de les Falles hi havia molt poc de reflexió —tant en els sectors conservadors com en els progressistes— i molt menys d’alternatiu.

 

            L’interés de Rafael Ventura Melià per les Falles continuaria, si bé de manera esporàdica: des d’una vessant purament periodística, en el setmanari Valencia Semanal i com a objecte de reflexió en l’article d’opinió “Les millors falles del món” (publicat en el diari Levante el març de 1986) o en la seua participació en la taula redona sobre Falles i cultura organitzada per la Falla Universitat Vella al Club Diario Levante el 1992.

 

 

Per a més informació:

 

http://www.iifv.ua.es/lletraferit/consultes/consultes.html